
¡Hola!
Sinceramente, aunque a veces me guste vivir en el Fray Luis de León, en otras ocasiones preferiría no estar aquí. Los que llevan esta residencia nunca tienen en cuenta nuestra opinión. La mayoría de los residentes consideramos el Fray como “nuestra casa de Salamanca”, y a la dirección esto le parece muy bien. En teoría quieren que nuestra estancia aquí sea lo más agradable y llevadera posible, ya que todos estamos lejos de nuestra ciudad, y a algunos se nos hacen difíciles los primeros días.
Bueno… ¿y a qué viene esto? Pues a que esta vez sí que estoy hasta las mismísimas narices. Resulta que este año han decidido sustituir todo el mobiliario. Se podría decir que eso está bien, porque toda renovación es, en teoría, “maravillosa”. Pero esta vez nos están cambiando los armarios (cosa que todavía no entiendo, porque estaban en perfecto estado, exceptuando un par de baldas inclinadas…). Esto significa montones de ruidos, bombazos, estruendos y martillazos, uno detrás de otro… y empezando a las 8:30 de la mañana.
Y mañana martes toca en la 104 (o sea, nuestra habitación). Es decir… justo el día de la semana que yo no tengo clase por la mañana, tengo que levantarme a las 7:45 porque me echan de mi habitación. ¿Y qué hago yo durante esas horas? ¿Qué narices hago yo? ¡Pues deambular como una imbécil por los pasillos, porque ya no se puede entrar ni a la sala de estudio! (Como lo leéis: está prohibido entrar hasta nueva orden, según gentilmente nos han informado a María y a mí).
Y además he estado comprobando el resultado del cambio de armarios en la habitación de al lado… y lo único que tengo que decir al respecto es: “¡vaya p*** m*****!”. Lo siento, no se me ocurren palabras mejores para describir semejante “obra de arte”. Armarios sin baldas (¿dónde ponemos las camisetas?), con tres cajones descomunalmente anchos que no dejan espacio para poner los zapatos, pero tampoco son lo suficientemente amplios como para meter ahí toda la ropa, y forrados con madera gruesa, de forma que hay mucho menos espacio en general. Ah, y la mesita que con tanta ansia llevamos esperando desde hace mes y medio resulta ser un cajón minúsculo formado por cuatro trozos de madera pegados a la pared con “superglú”. En resumen, una verdadera chapuza. Una obra de gente que no se para a pensar dos veces en lo que quiere hacer. Una obra que ha dejado (y cito textualmente a la dirección) “en números rojos a la residencia, lo cual ya no permite poner los corchos ni los percheros”… objetos sin duda importantes, y que tan vilmente nos han arrebatado.
¡Maldita sea! ¿No tenéis dinero para poner unas alcayatas? ¡Dádmelas, que ya las pongo yo, y seguro que lo hago mejor! ¿O es que no tenéis dinero para comprarlas? Claro, ya os habéis gastado todas las fianzas y las dos cuotas mensuales que ya os hemos pagado.
Y lo más preocupante de todo: ¿por qué se empeñan en hacer “mejoras”, si no arreglan lo que está mal desde un principio? La silla nueva que le han puesto a mi compañera está rota, y a pesar de haberlo dicho en incontables ocasiones, seguirá así hasta final de curso, y de eso no me cabe la menor duda, porque ya me pasó lo mismo a mí con una balda del armario; la tuve que clavar yo misma con una chincheta. Además, el lavabo lo tenemos agrietado por todas partes (y lo saben), el vidrio del baño tiene una esquina rota (y lo saben), y las sillas no tienen tacos en algunas patas, por lo que cojean y hacen mucho ruido al moverlas (sí, eso también lo saben). Pero se obcecan en nimiedades como poner armarios nuevos cuando no hacen falta, en lugar de, por ejemplo, ser un poco equitativos y ponernos mamparas a los que aún no tenemos. Permitidme que os diga que no es ningún plato de gusto ducharse en un baño minúsculo y además con poquísima luz, porque la maravillosa cortina de la ducha es opaca. Ah, y para depilarse ya ni os digo, porque para eso suele hacer falta un poco de claridad.
Ahora voy a ser un poco buena y comentar las otras cosas que han hecho este año (aunque bien podrían haberlo hecho en vacaciones, y eso sí que es algo que nunca llegaré a entender):
- Nos han pintado las paredes y las ventanas. Pero del mismo color soso.
- Nos han puesto nevera. Ahí no voy a poner pegas; me encanta.
- Nos han traído estanterías gigantes que no se llenan ni a la de tres. Pero NO las han comprado. Al igual que las neveras, estos muebles son de la residencia de al lado, que ha cerrado.
- Nos han cambiado los escritorios y las sillas, que ahora son más grandes, pero algunas cojean y otras están rotas, lo cual me parece patético. Y estos muebles tampoco los han comprado.
En definitiva… los muebles nuevos son trasladados, no comprados. Así que el único dinero que se han gastado ha sido para la mano de obra. Personas, quiero decir, porque ni siquiera han tenido que pagar a una empresa de transporte para que les cambiaran los muebles de sitio, porque la residencia que ha cerrado está a menos de 15 metros de la nuestra.
En fin, es todo lo que tengo que decir al respecto. Me ponen negra. Me gustaría bajar a dirección y soltarles toda esta parrafada, pero creo que no tengo suficientes narices.
Que la Force soit avec vous ! Forever and ever!
Bis bald und tschüss! Ciao!
До свидания и пока!
DFTBA!
P.D.: C’est tout. Je vais dormir parce que demain je devrai me lever tôt… j’en ai marre, je vous jure. La prochaine année je ne sais pas si j’habiterai ici.
Soyez sages, amusez-vous bien et à plus !